Cuento – Entropia

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Entropia

 La habitación estaba soleada y entraba un viento frío, pero agradable por la ventana. Los dos tenían los cuerpos tumbados, los rostros girados uno al otro. Ella miraba hacia  afuera, el azul del cielo emulduraba el rostro pensativo y los ojos castaños de él.

Ella, no sabía exactamente lo que decía , pero lo decía con mucha seguridad. Como podría saber el orígen de todo? Como podría saber, comprobar, como era la esencia humana? Podría suponer, pensar y decir lo que sentía. Sus pruebas eran todas basadas en sentidos. Basadas en imagenes; música de viento ; olores; toques… en su corazón. Que creía en la sonrisa de ojos tímidos. Vivía las palabras, la poesía y la espiritualidad.

Él estaba de espaldas para la ventana y el cielo no era parte de su escenario, no por el momento, tenía los ojos vibrantes llenos de vida y a cada cuestión, buscaba una respuesta coherente, que podría tener una explicación comprobada científicamente. Su pelo negro le daba un aire sereno, serio, fuerte.

Era curioso, pero los dos estaban muy comodos con la situación que no parecía tener mucho sentido. Porque la ciencia se encontraría con la espiritualidad ? Por que perder tiempo, tirando palabras en el aire para intentar  llegar a conclusiones que no podrían mezclarse ? Ingenio.Estaban inventando el momento, viviendo con creatividad. Cada pequeño movimiento fue sumándose hasta que estuvieran al punto de aceptar el silencio, de estar comodos.

Cuando llegaron, tenían el sentimiento de duda, una cierta inquietud, como si tuvieran que saber lo que iba a pasar; cada palabra que habría de ser dicha, como moverse en terrenos nuevos, como mirarse uno al otro; como si hubiera una fórmula para eso.

Aún no saben exactamente lo que hacían juntos en esta tarde de sábado. Que hacían ? Por qué someter el cuerpo y los sentidos a caminos desconocidos ?

Thakka-thakka bakow!! Un ruido llamó la atención para el mundo que seguía corriendo afuera. De pronto podían oír obras, tránsito, sirenas…por un minuto se rompió el silencio de mentes que habían encontrado el confort,  que estaba todo el tiempo esperando para alojarse en los ojos uno del otro; que al final eran semejantes en direcciones distintas. Al Fin porque todo eso ?

Si, era como estar a punto de caer, un sufrimiento, un caminar sobre huevos. Hasta que todo encontrará su sitio, tenían que pasar por todo eso y así estarían felices de tirar palabras; de no saber donde sentarse; de sonreír sin propósito determinado; de tener trabajos acumulados y olvidarlos por este tiempo que corría en su propio ritmo. El hecho de parar sobre el vacío trae la curiosidad, por eso no tenían nada más que hacer, que no, vivir la tarde.

Todo por alcanzar este momento, el silencio.

Él la invitó sin saber exactamente porqué, fue casi un impulso, a pesar de  no ser a menudo una persona de seguir  impulsos. La ciencia era su vida y no podía entender lo que hacía esta mujer que de ciencia no sabia nada, parecía tener una explicación un poco rara para todo lo que él tenía claro y comprobado . Ella se esforzaba para comprender lo que dicía él. Por unos momentos se distraía pensando en como podría ser que uno y uno no son dos. Era como si fueran dos personas que hablaban lenguas distintas. Bueno, al final, hablaban lenguas distintas. Pero cuando uno sonreía, todo encontraba una forma de hacer sentido.

El mundo afuera ya no hacía parte de lo que se creaba. El aire estaba inerte, pero tenía la vida de dos personas que abdicaron de sus seguridades para dejarse llevar, para oír y sentir al otro, para crecer. Era un día distinto, como cada día. Sus cuerpos no se acercaban, pero las mentes buscaban sus caminos, los ojos encontraban sus caminos. No importaba si el ser venía de los genes o del divino. Si teníamos todos la misma esencia, no podría decir con seguridad. Si los árboles y nosotros somos hechos de lo mismo, de un punto de vista de la ciencia…bueno si, tal vez del punto de vista divino também. Si uno y uno pueden ser diez.

La ciencia al final podría mezclarse con la espiritualidad? El cuerpo físico con el alma? No lo sabían. Vivian el sábado.

La verdad es que la vida es muy sencilla. Apenas ojos que se encontraron.

Texto: Paloma Villela
Foto: Patrick Villela

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